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Mundo Atómico. Revista de Divulgación Científica

  • 6 sept 2016
  • 6 Min. de lectura

A partir de la Segunda Guerra Mundial, el desarrollo económico caracterizado por una producción y una elevación del nivel de vida creciente, fue en paralelo a un gran aumento del consumo de energía. Mientras que los combustibles clásicos (carbón, petróleo y gas natural) se iban agotando, la energía nuclear se transformaba en una poderosa herramienta para el desarrollo de los Estados.

Pero la opción atómica no fue exclusiva de los países centrales. En Argentina, el primer peronismo (1946-1955) se desenvolvió en una coyuntura de fuertes reacomodamientos políticos y económicos a nivel internacional. En el país se conformó una nueva organización de fuerzas políticas y sociales en torno a un nuevo tipo de Estado desde el cual se impulsó un proyecto de industrialización orientado a superar el modelo agro-exportador ligado al viejo Estado oligárquico.

En este proceso de sustitución de importaciones, el desarrollo de la energía nuclear constituía el eslabón inicial de una cadena de emprendimientos cuyo denominador común sería la búsqueda de la independencia científico-tecnológica del país. Dada la importancia que el desarrollo nuclear tendría como instrumento al servicio de las necesidades nacionales y de la industrialización, desde el gobierno se creó la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y se implementaron tres estrategias para la conformación de este nuevo campo autónomo: traer científicos capacitados del exterior, formar especialistas en el país y comunicar las investigaciones desarrolladas a distintas audiencias sensibles a la ciencia, como medio de informar y legitimar el proyecto.

Una de estas publicaciones fue Mundo Atómico. Revista de Divulgación Científica, editada por Haynes en forma continua entre 1950-1955.[1] “Por su estrecha vinculación con los cambios de la sociedad, las revistas tienen una evolución cuasi biológica: nacen, se desarrollan y mueren”[2]. Los inicios de MA estaban relacionados con la creación de la CNEA y la comunicación a la sociedad de los cambios científico-tecnológicos; su desarrollo, con el interés existente en algunos sectores de la sociedad por conocer todo lo relativo al campo nuclear y sus aplicaciones; y su desaparición, con el golpe de Estado de 1955. Fue fundada por el mayor Carlos Vicente Aloé y dirigida por el periodista Renato Ciruzzi[3]. Su difusión se realizaba a través de la distribución gratuita a las gobernaciones de provincias, ministerios, embajadas, universidades; por suscripciones y por los canales comerciales usuales, como los quioscos de revistas.

Propósitos

Mundo Atómico se identificaba con el proyecto oficial apoyando en particular el desarrollo nuclear, funcional al proceso de industrialización acelerada. El contrato de lectura, se basaba en el interés por el desarrollo de la ciencia nuclear en Argentina y en el mundo y era el puente que vinculaba medio y lector. Estudiantes, técnicos y profesionales la leían atraídos por la información y los contenidos, aunque no todos compartían el horizonte ideológico que la dirección de la revista transmitía a través de sus editoriales y de la propaganda gubernamental publicada en los mismos. En el primer editorial se enunciaban los objetivos dirigidos:

(…) al individuo de este siglo, de esta era atómica [cuya] curiosidad es ilimitada y su avidez de conocimientos es cada vez mayor. Para saciar este afán de cultura nace MUNDO ATÓMICO. Propónese divulgar en alas del periodismo (…) cuanto piensan y realizan los científicos argentinos y reflejar también la análoga actividad de los centros internacionales…

La revista se dirigía al público en general (al hombre de la calle, como se señalaba en otro párrafo del editorial) con la idea de que la divulgación científica concernía y contemplaba a la población en su conjunto. Con respecto al nivel intelectual para acceder a ella, aunque contenía artículos que cualquier persona con una cultura media podía leer, los que se especializaban en las ciencias físico-matemáticas requerían un conocimiento científico elevado. La referencia a la cultura general indicaba que su propósito era el de no restringirse a las llamadas ciencias exactas, sino englobar también a las ciencias humanísticas y a las disciplinas artísticas. La presencia de lo pictórico en el diseño y la inclusión de artículos sobre pintura, escultura, música y cerámica que destacaban la obra de artistas argentinos, constituían un hecho de gran valor conceptual que diferenciaba Mundo Atómico de otras publicaciones de carácter técnico o científico, evitando así la fragmentación del conocimiento y propugnando por la totalidad de la cultura.

En cuanto a sus características visuales, las tapas de la revista estaban ilustradas al corte, a todo color. En varias de ellas, los dibujos que interpretaban artículos relevantes, fueron realizados por el artista plástico Ascanio Marzocchi Paz. Las contratapas y retiraciones -caras internas de la tapa y contratapa- estaban ilustradas a todo color. En su mayor parte publicitaban las realizaciones del gobierno, como las obras hidráulicas que se estaban llevando a cabo en esos momentos o los viajes que se podían efectuar a través de Aerolíneas Argentinas, entre otras.

En el cuerpo central, estaba el índice con un listado de los artículos por orden de aparición, con la indicación de sus autores y el número de la página correspondiente; a continuación el comentario editorial, y finalmente los artículos, algunos de ellos a todo color. Presentaba, además, mapas, reproducciones de cuadros, dibujos que interpretaban algunos artículos, esquemas y diagramas, que conformaban una estructura gráfico-visual sumamente atractiva para el lector. Dado que se trataba de una revista de divulgación, la fotografía era protagónica y se la privilegiaba sobre el dibujo; las fotos tenían epígrafe y estaban explicadas en profundidad.

Contenidos

Mundo Atómico presentaba una gama de artículos sobre variadas temáticas, prevaleciendo los relativos a las ciencias físico-químicas y matemáticas. La mayor parte de ellos se referían a la física nuclear y a la radioactividad, encontrándose algunos trabajos teóricos y otros sobre realizaciones en tecnología y equipamiento nuclear. También se publicaban artículos referidos a avances científico-tecnológicos construidos en Argentina como el Pulqui II y la locomotora “Justicialista”.

Al mismo tiempo, ocupaban destacado lugar otras ciencias como agronomía, mineralogía, ciencias naturales y temas de medicina nuclear. Los artículos de otras disciplinas como antropología, arqueología, geografía, oceanografía etc., tenían su razón de ser debido al poco desarrollo que estos temas ocupaban en publicaciones periódicas de divulgación. La revista trataba entonces, de llenar ese vacío.

Los artículos publicados eran en general colaboraciones firmadas y escritas para Mundo Atómico y en otros casos, reproducciones autorizadas de destacados científicos extranjeros. El nivel académico fue muy bueno debido a la jerarquía de sus colaboradores como José Balseiro o Luis Santaló, entre otros. También autorizaron la publicación de sus trabajos especialistas extranjeros, invitados por la CNEA para contribuir a la formación de los científicos argentinos.

Conclusión Aunque los hechos de la ciencia no tenían gran repercusión, ni ocupaban un espacio destacable en los medios, a partir de Hiroshima y Nagasaki, se creó un ambiente receptivo sobre los mismos.

Como la creciente especialización de las ramas de la ciencia y la tecnología resultaba cada vez más inaccesible para el lego y sólo inteligible para los que investigaban en ese campo, la revista se convirtió en vehículo de transmisión de los nuevos avances a nivel internacional y nacional mediante una explicación de contenidos formales en términos accesibles a los no especializados. Aunque su propósito era llegar al hombre de la calle, poniendo al alcance de los ciudadanos de diferentes extracciones sociales y niveles de instrucción artículos de carácter técnico o de divulgación general, los temas científicos requerían de los lectores un conocimiento más especializado. Y, aun cuando la revista estaba destinada al hombre común, sus artículos sobre física y matemática escritos por calificados profesionales, revestían actualidad e interés para técnicos y científicos.

En Mundo Atómico, la divulgación estaba integrada a un proyecto de política científica nacional. El carácter ágil en cuanto a su diagramación, la amplitud de los temas científicos que trataba, la incorporación de temas artísticos y su venta en quioscos, le permitía llegar a una audiencia de nivel social medio que la leía, obviando su adhesión al partido gobernante.

[1] Se editaron veintitrés números, con una periodicidad que fue variando a lo largo del tiempo: del uno al tres, fueron bimestrales (Septiembre de 1950 a Febrero de 1951) el cuatro, cuatrimestral (Marzo a Junio de 1951) y del cinco al veintitrés, trimestrales (Julio de 1951 a Septiembre de 1955). Los trece primeros números llevaban como subtítulo Revista Científica Argentina, y los diez últimos Revista de Divulgación Científica que se adecua más a las características y contenidos de sus artículos. Constaba de noventa a cien páginas por ejemplar. Su valor era de tres pesos hasta el segundo bimestre de 1951, en que su precio subió a cinco pesos debido a la escasez de papel. La suscripción anual era de 18 pesos para los lectores en Argentina, con llegada a toda América y España. Su tiraje era de 8.000 ejemplares (Ministerio de Justicia. Dirección Nacional de Derecho de Autor).

[2] Mendelevich, Pablo (1981). “Las Revistas”, en: La vida de nuestro pueblo Nº 3, p.5. Buenos Aires: CEAL, pp. 1-20.

[3] Renato Ciruzzi. Nació en Italia en 1914. Nacionalizado argentino, trabajó en la Editorial Haynes en la que dirigió las revistas Mundo Atómico y Mundo Infantil. En 1959 le fue otorgado el premio Guillermo Kraft por sus trabajos publicados en los diarios El Tiempo de Cuyo de Mendoza y Clarín. En 1966 fue distinguido con el premio Siam Ditella-Círculo de La Prensa para periodistas en radio y televisión. Falleció en 1976.


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