Cuando los pacientes se involucran en las investigaciones médicas
- 10 ago 2016
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En los últimos años, varios sociólogos y filósofos han reconocido y defendido la idea de que los no-expertos se involucran cada vez más en la producción del conocimiento científico. Se trata de una
mirada renovadora sobre la práctica científica, reservada, hasta hace algunos años, exclusivamente a
aquellos que portan credenciales académicas . Los expertos se interesan cada vez más por una
palabra y visión autorizadas: la de los legos. En efecto, estos, en muchas ocasiones, aportan
información específica a partir de sus experiencias, que sirve como insumo para las investigaciones
más formales: pacientes a los médicos-investigadores, campesinos y pequeños productores a los
climatólogos, por citar algunos casos . No osbtante, la actuación de los no expertos (los legos) no
se limita a proveer información valiosa o a expresar sus dificultades- como puede ser el caso de un
paciente respecto de lo que siente luego de la administración de una droga en un ensayo clínico-,
sino que también se involucran en actividades de distinta índole: campañas de movilización social,
reuniones periódicas con expertos, divulgación de información, recolección de datos, facilitación de
la comunicación entre expertos, entre otras. En este último punto es en donde reside la novedad: el
aumento del involucramiento de la sociedad civil en la ciencia y en su diversificación.
Los investigadores sociales advierten que los legos se ven cada vez más interesados en los debates
científicos y técnicos sobre los problemas que impactan de una forma contundente en su vida
cotidiana: una enfermedad poco conocida o estudiada, un cambio en las condiciones climáticas en
la producción en una economía regional, por citar ejemplos.
Este fenoméno social novedoso aparece de manera notable en el área de las medicina, donde el
paciente (lego) establece un vínculo colaborativo con el médico (experto). Los sociólogos franceses
Michel Callon y Vololona Rabeharisao realizaron, en este sentido, un primer trabajo que recoge
experiencias en esta área. Se dedicaron a estudiar la dinámica colaborativa entre pacientes-legos y
expertos biomédicos vinculados a las enfermedas musculares. Para ello, los sociológos observaron
durante varios meses muy de cerca el trabajo que los pacientes, los familiares y especialistas
médicos realizan en la Association Francaise contre les Myopathies (*Asociación Francesa contra
las Miopatologías), una organización que se dedica a fomentar la investigación sobre miopatologías
raras. Los resultados fueron publicados en el 2002, El poder de los enfermos. L Ascociación
Francesa contra las Miopatologías y la investigación científica.
En el transcurso de su trabajo de campo, Callon y Rabeharisao pudieron comprobar que la dinámica
entre legos y expertos biomédicos se basaba en un modelo de aprendizaje mutuo. La colaboración
estrecha entre médicos y pacientes no se reduce al suministro de información por parte de pacientes
en entrevistas que llevan a cabo el médico-científico y cuyo control lo detenta el experto. Por el
contrario, los pacientes y sus familiares asumen un rol activo, participan activamente en las distintas
etapas de la investigación. El paciente no es objeto de la investigación, sino que el objeto es la
enfermedad; el paciente, en una dinámica colaborativa con los médicos-investigadores, funciona
como un intermediario activo. Ese es su leitmotiv.
Para que se pueda hablar de un modelo de coproducción en términos de aprendizaje mutuo en la
investigación médica, se deben comprobar la existencia de dos ragsos fundamentales: 1- la
colaboración entre los pacientes y los médicos debe ser continua y estrecha; 2- los pacientes deben
constituirse en una masa movilizada que, junto con los expertos, conforman una comunidad de
investigación en la que ambos asumen un rol protagónico de conducción.
Callon y Rabeharisao llevaron a cabo un trabajo de campo muy exhaustivo que incluyó la
exploración de los archivos de la AFM, la realización de entrevistas apacientes y médicos, la
asistencia a varios encuentros del directorio- integrada casi exclusivamente por pacientes y
familiares. De esta forma, los investigadores comprobaron que las acciones no se limitan al diseño
de estrategias de financiación o de estrategias tendientes a orientar decisiones políticas de salud
pública. Los pacientes ponen en movimiento diversos mecanismos tendientes a establecer un
diálogo con los expertos, a través del cual las experiencias personales y los experimentos de
laboratorio se ven mutuamente enriquecidos. En este sentido, intervienen en distintas etapas de una
investigación formal aunque de manera rudimentaria. Por ejemplo, con recursos propios, recopilan
datos acerca de la enfermedad, a partir del relevo de su vida cotidiana y los comparten en
encuentros grupales. Grabaciones de video, fotografías, testimonios escritos. De esta manera, en
los encuentros grupales, a partir de exposición y comparación de las experiencias individuales,
construyen una experiencia colectiva de faniliarización con la enfermedad. La información así
acumulada significa un capital valioso para establecer un diálogo consciente con los médicos,
quienes toman esta información como insumo para su propia investigación profesional, como, por
ejemplo, introducir cambios en el tratamiento.
El registro y verbalización de las experiencias cotidianas se conjuga con la iniciativa de
exploración, recolección y procesamiento de la literatura médica específica. La rareza de la
enfermedad obliga a los pacientes y a sus famliares a actualizar la agenda de investigaciones. De
esta manera, completan la biblioteca del médico.
Las decisiones que afectan el curso de las investigaciones y que determinan la planificación de una
agenda científica surgen de discusiones de igual a igual entre pacientes y médicos. El directorio
(inetgrado solo por pacientes y familiares) toma las decisiones en conjunto con la comisión de
médica.
A partir del trabajo realziada en la AFM, los sociológos identifican tres caracteristicas comunes a
los casos de coproducción en medicina: 1) el carácter novedoso de la enfermedad que ocupa el
centro de interés; 2) el carácter sectorial de los enfermos; 3) la resistencia terapéutica de la
enfermedad al no haber tratamiento específico.
Podemos mencionar otros casos de enfermedades raras que movilizaron a la sociedad civil para
promover el estudio científico de la enfermedad. Uno de ellos, de una llamativa singuralidad, es el
síndrome de Riley-Day. En este caso, la fundación Familialdisautonomia,en Nueva York, dirigida
por familiares de pacientes, promueve la investigación específica de este síndrome que afecta casi
exclusivamente a miembros de la comunidad judía ashkenazi. La característica sectorial de los
pacientes se presenta como la motivación principal de la intervención organizada y de la
constitución de una cooperación con los expertos. Abunda la bibliografía médica que considera la
pertenencia racial judía ashkenazi como parte de la evidencia clínica para el diagnóstico de la
enfermedad.
Horacio Kaufmann, médico argentino, es uno de los expertos que conforman la red profesional
coordinada por la fundación. En esta caso, los familiares de pacientes son los que gestionan el
financiamiento de las investigaciones y el entrenamiento de los expertos. Y son ellos, también, los
que tienden la red de vínculos entre médicos y pacientes y organizan tanto la agenda de contactos
como la agenda de investigaciones científicas.
En otros casos, la movilización de pacientes no responde la condición de rara de una enfermedad,
sino que aquello que la promueve es la escasa atención que recibe para la agenda de salud pública.
Tal es el caso de la fundación Heart Uk, que centra sus esfuerzos en la concientización de la
hipercolesterolemia.
No obstante los casos mencionados, un ejemplo histórico de movilización de la sociedad civil en
aspectos de la práctica científico lo constituye la irrupción del VIH- Sida en los años 80.
El sociólogo norteamericano Steve Epstein, de la Universidad de San Diego, realizó un estudio
pormenorizado de la movilización de militantes homosexuales en Nueva York y San Francisco,
donde se registraron los primeros casos y se encendieron las alarmas epidemiológicas. Su libro más
reconocido al respecto lleva un título provocador: Ciencia impura. Sida, activismo y las políticas
del saber. En los primeros tiempos, el Sida era una enfermedad desconocida; la literatura médica
reciente no registraba un nombre para el cuadro clínico atípico que presentaban los primeros
enfermos. En segundo lugar, afectaba a un sector de la población bien definido, varones
homosexuales. En tercer lugar, no se disponía de un tratamiento específico que, al menos, retrasara
el desenlace fatal; los médicos sólo podían aplicar tratamientos de contención para las
enfermedades oportunistas. Los tres requisitos se cumplían con creces.
En el caso del Sida, los enfermos se empoderan gracias a una larga tradición de militancia: los
activistas lgbt que ingresaron al espacio público para reclamar derechos civiles, se involucran
activamente en la investigación científica sobre la elpidemia de VIH-Sida.
En los debates sobre terapias retrovirales, sobre el grado de alcance de la enfermedad por fuera de
las minorías sexuales o acerca del estilo de vida de los pacientos como un factor decisivo para el
desarrollo de la enfermedad, entre otros temas, la voz del activista se hacía sentir de igual modo que
la de los expertos biomédicos, los funcionarios de salud público, de los políticos. En muchos casos,
los activistas participaban tanto en su condición de representantes de un sector de la sociedad civil
como en su condición de pacientes seropositivos.
En los principales centros de investigación sobre la enfermedad, ya en los inicios de la epidemia, ,
los pacientes organizados trabajan codo a codo con los infectólogos.
Desde aquellos años, la participación de los activistas seropositivos homosexuales en las decisiones
de política sanitaria respecto del VIH-Sida no se detuvo.
En todos los cosas mencionados, la clave de comprensión de una buena parte de la producción de
conocimiento reside en el estudio de los movimientos sociales que, cada vez más, legitiman su
intervención en las políticas del saber.
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